· Fragment d'un llibre inèdit
Diagnóstico de estúpidos y canallas
Introducción
Este es un libro de historias. De historias de personajes famosos, muchos de los cuales pasaron a la Gran Historia gracias al daño que causaron a otros seres humanos.
Algún historiador debería escribir una Historia Universal del Sufrimiento Humano. No una historia al uso, de las que hablan de dinastías y batallas; ni siquiera una historia que documente los factores económicos y sociales que discurrieron bajo tales vistosos acontecimientos y que, en muchos casos, los determinaron. Nos referimos a una historia que se centrara en los padecimientos de las gentes y en sus causas, en los innumerables sufrimientos que interminablemente han padecido miles y millones de seres humanos, los más terribles de los cuales han sido siempre, sin comparación, los que con una increíble ferocidad les han infligido otros seres humanos.
Tal historia haría patente hasta dónde puede llegar la "anormalidad" del ser humano. Los animales depredadores destrozan y se comen vivas a sus presas con la indiferente crueldad que forma parte de la economía de la naturaleza, pero la crueldad de los humanos sobrepasa con creces a la del animal, precisamente porque sólo el hombre, debido a algún tipo de locura que sólo él es capaz de sufrir, puede llegar a practicar una crueldad gratuita, no sólo innecesaria para sus intereses vitales sino incluso contraria a su propia felicidad o supervivencia personal. Es en estos casos, por otra parte muy frecuentes, cuando podría decirse que, a pesar de gozar de una inteligencia que se supone superior a la de los demás seres vivos, se comporta de un modo estúpido.
Aunque en otros casos causa el daño con pleno discernimiento y dominio de sí, haciendo uso de su inteligencia para sacar de tal uso algún provecho. Libremente y por puro egoísmo. Entonces puede decirse de él que es un canalla.
Este libro pretende centrarse en lo que podríamos llamar conductas humanas malignas, tanto si éstas provienen de una alienación como si son ejercidas libre y voluntariamente. Y al usar en uno y otro caso las expresiones de estúpidos y canallas no pretendemos más que condensar en dos palabras tan sencillas y coloquiales como éstas toda la complejidad de los comportamientos humanos socialmente indeseables, “anormales” desde el punto de vista de su propio bien y del bien de la especie. De los comportamientos que, desde tal punto de vista, deben considerarse inhumanos.
Hemos dedicado preferentemente nuestra atención a los personajes famosos porque suelen ser los más interesantes y porque, como es obvio, se posee de ellos más información, pero teniendo claro que las desviaciones mentales que tendremos ocasión de observar en tales personajes se dan a todos los niveles y, por tanto, también en el de las personas corrientes, aunque las acciones de éstas no trasciendan más allá del ámbito familiar o de un reducido círculo de damnificados. De hecho, las biografías que aparecen en las páginas siguientes suelen hacer mención de muchos episodios que por referirse a aspectos íntimos de sus vidas resultan especialmente reveladores sobre su calidad humana. Podríamos decir que al hacer un diagnóstico de las figuras que aparecen en las páginas siguientes estamos haciendo un diagnóstico de la humanidad entera y, con esto, de nuestra propia y particular naturaleza.
El hombre ha tendido a considerarse como la culminación final del proceso evolutivo; como la más perfecta de las creaciones biológicas, pero una contemplación superficial de sus comportamientos individuales y colectivos resulta más que suficiente para hacernos dudar de que sea así. Lo que sucede es que estamos habituados a ser espectadores de tantos discursos y acciones estúpidas, a convivir con tantas crueldades y canalladas, que acabamos concediéndoles carta de normalidad. Sin embargo, deberíamos rebelarnos contra este estado de cosas y pensar que NO ES NORMAL que el ser humano se comporte con tanta frecuencia de un modo tan poco inteligente, ni debería serlo que con igual frecuencia lo haga con tanta insensible perversidad.
Ante la acción maligna hay la tendencia a formular juicios morales: quien la comete es “malo”, lo que aproximadamente significa que hace el daño voluntariamente. Pero, como haremos notar en las páginas siguientes, gran parte de las personas más dañinas son lo que podríamos calificar como auténticos enfermos del Yo, individuos de los que podría decirse que, más que una desviación moral, padecen una desviación mental. Desviación que, paradójicamente – y como tendremos ocasión de analizar ampliamente – es una consecuencia de aquel desarrollo evolutivo; de lo que debería ser una muestra de perfección mental.
Como tal enfermedad, surge de la necesidad universal de amor que padecen todos los humanos, de recibir de otros humanos algún tipo de estimación. Es una especie de equivocación por lo que hace al modo de satisfacer la necesidad de recibir el reconocimiento de los demás que parece tener todo el mundo. Pues, para los humanos pensantes, ser estimado equivale a ser. Pero debido a diversas causas – de las que en las páginas siguientes intentaremos hacer un breve balance – se busca con excesiva frecuencia la satisfacción de tal necesidad de reconocimiento por caminos equivocados. La soberbia y la egolatría, la vanidad y la megalomanía, los “complejos” de inferioridad y superioridad, aparecen en el origen de muchas de las más corrientes y destructivas conductas humanas. Formas erróneas y enfermizas de afianzar el ser propio frente a los demás.
Este libro lleva el subtítulo de “las enfermedades del YO” y su intención última no es la de analizar sólo las conductas de algunos grandes personajes en su expresión más grave y extrema sino – y esto se verá en cada capítulo – ir descendiendo a sus manifestaciones más corrientes. A los fanatismos y delirios, irresponsabilidades e inmadureces, a las manifestaciones cotidianas del Ego que se oponen a nuestra armonía en el trato con los demás y con nosotros mismos.
Intentaremos mostrar cómo la fuerza y la extensión de los errores de comportamiento a que dan lugar estas desviaciones son mucho mayores de lo que corrientemente se piensa, del mismo modo que lo es también su peligrosidad, peligrosidad que radica en el hecho de que quienes la sufren suelen ser todavía más incorregibles que los supuestos canallas, y siempre más ciegos por lo que hace a las consecuencias de sus actos, que es lo que con frecuencia les conduce a su destrucción personal.
Si tuviéramos que facilitar un criterio práctico para comprender la principal entre los personajes que hemos clasificado como estúpidos, por contraste a los que hemos caracterizado como canallas diríamos que a estos últimos su conducta dañina les sirve para conseguir y disfrutar sus propósitos egoístas, mientras que los estúpidos, aun consiguiendo a veces algún o algunos sonados triunfos, acaban provocando su propia ruina. De un modo simplista diríamos que el canalla acaba triunfante muriendo en su cama mientras que el estúpido acaba en el más absoluto fracaso (a menudo de un modo prematuro). Esto es sin duda un criterio poco “científico” para clasificar conductas pero, a la vista de las biografías que siguen, se verá que no deja de resultar útil a la hora de incluir en una u otra categoría a tales personajes y, sobre todo, ayudarnos a comprender la medida en que aquellos sentimientos que alimentan un ego desmesurado pueden acabar destruyendo a quien se halla dominado por ellos.
En resumen, aplicaremos el calificativo de estúpidos a gentes que se comportan de un modo dañino, con frecuencia espantosamente cruel y despiadado y, al mismo tiempo, poco inteligente, desde el momento que tal comportamiento aparece como el fruto de una alienación que suele conducirles a su propia ruina. Esto es lo que aparece en las biografías de algunos grandes personajes que tendremos ocasión de contemplar en los capítulos siguientes, las cuales ilustrarán las características de lo que pueden considerarse enfermedades del YO, en las que alguna forma de amor propio toma un destacado protagonismo y en cuyas causas pueden coexistir factores neurológicos, tal vez heredados, junto con influencias ambientales que acaban de configurar personalidades enfermizas, con resultados generalmente nefastos para quienes les rodean y, al fin, para ellos mismos.
Las historias que siguen nos ayudarán, a partir de lo que actualmente pueden decirnos unas todavía atrasadas ciencias del comportamiento, a intentar explicar tales conductas. De las conductas malignas enfermizas aunque también de las igualmente malignas que son ejercidas libremente, con una libertad que constituye otro de los misterios de la conducta humana. De la crueldad estúpida, pero asimismo de la crueldad canalla. Al fin, se trata de unas reflexiones sobre algunas de las más inquietantes características del ser que, un poco presuntuosamente, se ha calificado a sí mismo de sapiens y que, a la vista de los resultados, podría más bien considerarse como un fracaso de la evolución.